Lack of education causes more occupational accidents in fishing than bad weather conditions

La Inspección de Trabajo y Seguridad Social y los órganos técnicos en materia de prevención de riesgos laborales de las autonomías tienen la obligación por ley de investigar los accidentes graves, muy graves y mortales. Los leves no se suelen estudiar de forma sistemática, a pesar de que representan la inmensa mayoría. En la pesca concentran el 95% de los alrededor de 2.000 siniestros registrados cada año. Es, junto a la acuicultura, “una de las ocupaciones con mayores tasas de siniestralidad laboral” aquí y en el resto del mundo. La incidencia en España de los accidentes con baja a bordo duplica el índice de todos los sectores y es 10 veces superior en los sucesos con fallecidos. “Esta realidad requiere medidas y mejorar el conocimiento sobre la siniestralidad en el sector para evitar que se vuelvan a producir estos accidentes”, señala el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo en un reciente análisis a fondo de los accidentes leves en la pesca, dado su enorme peso y las evidencias de que algunos de ellos “podrían haber finalizado con consecuencias más graves si hubiera coincidido en el tiempo y lugar algún otro factor”.

La radiografía, que surgió del “interés preventivo” por parte del Grupo de Trabajo del Sector Marítimo Pesquero creado en el seno de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo para luchar contra la tendencia al alza de la siniestralidad, aflora una clara falta de formación en las tripulaciones. De los 201 accidentes leves seleccionados por las comunidades y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), 50 se produjeron en Galicia –35 en pesca y 15 en instalaciones acuícolas–, la región que más casos de estudio aporta por su peso en la actividad en el país. El personal técnico identificó hasta 578 causas diferentes. En un mismo siniestro se dan varias a la vez.

Las principales causas

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A la cabeza de las más frecuentes figura un hecho intrínseco a la actividad, que las superficies de trabajo son habitualmente inestables, incluidos los barcos. La segunda gran razón de los accidentes sí es remediable: formación e información inadecuadas o inexistentes sobre riesgos o medidas preventivas. Provocan más accidentes incluso que la meteorología y el estado de la mar, como el viento, el oleaje, la niebla o la lluvia; y superan también a los métodos de trabajo inadecuados y a la no identificación previa de los riesgos que materializaron el siniestro.

Los accidentes investigados en pesca sucedieron principalmente en las artes de arrastre y cerco, seguidos de las artes menores. Los de acuicultura se localizan en zonas de producción (bateas, jaulas y carpas de reproducción, sobre todo) y embarcaciones auxiliares. Hubo 198 trabajadores afectados y 3 empleadas, aunque entre las mujeres la edad media es superior: 46 años (44,1 años en hombres ). Ocho de cada diez ocupados en el sector que sufrieron un accidente laboral tenían nacionalidad española y entre la tripulación extranjera sobresalen los senegaleses (8%) y marroquíes (5%). El 4% restante se reparte entre trabajadores originarios de Cabo Verde, Portugal, República Dominicana, Argentina, Francia e Indonesia.

Experiencia profesional

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Los puestos con mayor incidencia de los siniestros leves son el de marinero (118 heridos), seguido de capitán o patrón (24) y personal de acuicultura y piscifactoría (13). En las mujeres, 2 eran mariscadoras y había una buceadora.

El informe pone el foco en la experiencia profesional. Identifica tanto la antigüedad en el puesto de las víctimas, “aspecto que influye en el conocimiento general de los métodos y riesgos asociados al trabajo”, como en la empresa, “lo cual tiene relación con el conocimiento de los riesgos específicos asociados al buque concreto, con sus equipos y métodos de trabajo propios”. La mayoría de los accidentes laborales leves ocurren durante el primer año de trabajo en el puesto, casi un tercio del total; y destacan los siniestros de tripulantes con entre uno y seis meses de antigüedad, el 18%. Le sigue el grupo de trabajadores que acumulan entre uno y cinco años de experiencia, el 26,9%.

“A partir de entonces –señalan los expertos–, la frecuencia de accidentes leves va disminuyendo al incrementarse la experiencia profesional y por tanto el conocimiento en el puesto”. La evolución es análoga en la revisión de la antigüedad en la empresa, “si bien en este caso los accidentes leves en el primer año suben casi al 50%”. En pesca, el 41% de los accidentados contaba con contrato fijo-discontinuo y el 17% por obra o servicio. En acuicultura, sin embargo, el 52% era fijo a tiempo completo.

Durante las maniobras

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El 77% de los accidentes en pesca y el 20% en acuicultura fueron operacionales. Hubo uno por un varadero, otro por un conflicto entre marineros y dos más por vuelco y colisión. En buques y embarcaciones pesqueras, 124 de los 201 siniestros rastreados se localizaron en cubierta, el punto más crítico muy por encima del parque de pesca y la sala de máquinas. Casi la mitad se dieron pescando, especialmente durante la captura y el viraje del aparejo, seguido del largado y la estiba.

Son, especialmente, caídas (52 en pesca y 19 en acuicultura); y a continuación están los sobreesfuerzos (44 entre ambas actividades). Dislocaciones, esguinces, torceduras y similares lideran la lista de lesiones. “Llama la atención que, aunque son un porcentaje pequeño, se han registrado casos de amputación o barotrauma, que si bien en esta ocasión fueron calificados como accidente leve, tienen un potencial lesivo grave o mortal”, advierten los técnicos.

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Medidas sin implementar

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En línea con el problema de la formación y la información entre las causas más repetidas de los accidentes leves y el hecho de que afecten más a personal reciente, el informe también alerta de las graves carencias de la prevención. A pesar de que la evaluación de riesgos es generalizada, la cosa cambia cuando se analizan las medidas preventivas dirigidas a minimizar esas amenazas “y especialmente la puesta en práctica de estas”. “En el 63,7% de los casos se habían previsto las medidas preventivas necesarias, pero solo en el 27,4% estaban implementadas –remarcan los técnicos del INSST–. Estos casos evidencian que la evaluación de riesgos no es un instrumento eficaz para garantizar la seguridad y salud a bordo si se limita a identificar riesgos y enunciar medidas preventivas, es necesaria la implantación real de lo previsto y el seguimiento permanente, como dispone la normativa preventiva”.

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Source: Informacion

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